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Testimonios

REDIS®

La medicina del Ser:

Hace ya unos cuantos años comenzó mi trayecto como médico. De forma consciente dio inicio en 1997 aunque de manera inconsciente comenzó mucho antes, cuando tan solo tenía 6 años.

Recuerdo que en aquella época familiares y amigos ya me preguntaban qué quería ser de mayor, y yo, con una firmeza poco habitual para la edad respondía: Médico. Y es que ya entonces, muy dentro de mí, lo tenía claro.

Algunos se preguntarán cómo es posible tener tan claro a esa edad lo que se llegará a ser de mayor, y lo cierto es que es difícil de explicar porque es algo que se siente. Algunos pensarán que fue tan solo casualidad o cuestión de “suerte”, puede ser que algo de eso hubiere, pero hoy 18 años después de aquel primer día en la facultad os puedo decir con absoluta certeza que nací siendo médico, ya lo era antes de estudiar si quiera. Algunos llamarán a eso vocación, yo le llamo certeza. Desde muy pequeña recuerdo sentir la necesidad de curar, de ayudar, de comprometerme con la mejoría de los enfermos y contribuir de algún modo a esa mejoría. Los años fueron pasando

y durante cada año en la facultad me encontré con infinidad de conceptos y palabras complicadas de pronunciar; supe de la existencia de una cantidad abismal de microorganismos vivos que habitan dentro y fuera de nuestro organismo, conocí del funcionamiento de cada aparato y sistema de nuestro cuerpo y de cómo éste responde a estímulos tanto internos como externos. Sin embargo, pasaban los años y echaba en falta durante la formación algo clave, y era la conexión médico paciente más allá de la relación meramente profesional, echaba de menos la visión del paciente no solo como un cuerpo sino como un todo, de ver en él más allá de lo físico y así poder tratar el ser, reconociendo en él emociones, sentimientos, pensamientos y la necesidad de estar conectado. Durante mi desarrollo como profesional he intentando mantener ese contacto directo con el paciente mirándole como un ser completo, un ser bio-psico-social, encontrándome con la limitante de que bien por cultura o por defectos del sistema o incluso simple ignorancia, no siempre es posible, empujando el ejercicio de la medicina a un cajón que solo abarca el plano físico y orgánico de ese ser.

Es indiscutible que desde el punto de vista biológico nacemos de la unión de dos células que se multiplican en un proceso fascinante y mágico para dar vida a nuestro cuerpo que a su vez contiene millones de células que producen, cada una en su estilo, una química especializada haciendo posible el funcionamiento de cada aparato y sistema. Pues bien, basándonos en que nuestros sentidos nos comunican con el exterior transmitiendo la información necesaria a nuestro interior provocando esas respuestas químicas que se traducen en procesos e incluso acciones que velen por el bienestar de nuestro organismo, podemos concluir que cada uno de los estímulos recibidos se expresa en nosotros con cambios tanto fisiológicos como fisiopatológicos. Pueden generarse cambios hormonales, cambios en la temperatura, en producción de secreciones y una cantidad impresionante de sustancias que o bien velen por el equilibrio o bien favorezcan el desequilibrio de nuestro organismo, creando una reacción en cadena que nos sane o nos enferme. Y ¿qué sucede cuando somos nosotros mismos los que a modo de pensamientos, emociones y creencias transmitimos “señales” erróneas a nuestro organismo?. Es muy probable entonces que generemos efectos negativos sobre nuestro ser que de modo inconsciente se traduzcan en enfermedades. Por ello se hace cada vez más urgente la toma de consciencia de cómo vivimos nuestro día a día, de nuestro lenguaje para con nosotros mismos y de nuestra necesidad de estar conectados en pro de mantener en equilibrio nuestra bioquímica y nuestro ámbito psico-social favoreciendo así la formación de redes comunicacionales tanto externas como internas que nos permitan vivir y relacionarnos de manera ecológica y saludable. Es allí donde radica la importancia de REDIS®, de buscar mantener esa conexión entre nuestro yo corpóreo, el acorpóreo y nuestro entorno en un intento de lograr el equilibrio como seres completos. REDIS® nos conecta con otros seres humanos en una búsqueda que a modo expansivo nos permite vernos de algún modo reflejados en ellos para llegar a la consciencia plena de los procesos que subconscientes se suceden en nuestra mente y así encontrar las respuestas necesarias para sanar nuestro ser.

Cómo médico encontré en este método una herramienta de fundamental importancia para la integración de nuestra mente y cuerpo, engranando conocimiento racional con inteligencia emocional para favorecer los procesos de sanación del paciente más allá de la mera utilización de medicamentos que en ocasiones llegamos a administrar en nuestro medio como “parches” que nos alejan de la resolución final del problema, permitiendo tratar síntomas aislados y no el origen de la patología en sí prolongándola en el tiempo y cronificando la enfermedad. Mi opinión como profesional de la medicina que con visión integradora procura ejercer la profesión hipocrática es que éste método aporta una nueva perspectiva al tratamiento de patologías de origen emotivo-conductual que finalmente se traducen en síntomas y signos físicos, así como también nos sirve de herramienta para que el paciente que padece alguna patología meramente orgánica pueda generar en su fuere interno emociones, pensamientos y finalmente una conducta que produzca un estado psico-biológico favorecedor a su recuperación e incluso curación.

REDIS® nos hace consciente de nuestro ser en el más amplio sentido de la palabra. Nos da pertenencia a una red comunicacional inter-conectada a ese sentir donde tenemos la certeza de que cada pieza del puzzle, por alejada que esté, forma parte de un sistema organizado en perfecto equilibro. Integra nuestro yo físico y psíquico en pro de nuestro bienestar y por ende del bienestar colectivo.

Como médico encuentro fascinante la experiencia de la REDIS® y siento con absoluta certeza que su aplicación en el ejercicio profesional sería de gran utilidad para el tratamiento integral del paciente. Con este método estoy aprehendiendo lo que tanto eché de menos durante los años de facultad, a tejer redes para lograr esa conexión dentro de nuestros mismo ser y entre seres humanos que en esencia nos haría funcionar mejor como individuos y como especie.

Martha Escobar Lovera, Medico, Asistente REDIS®

Gregalia la aventura del renacer

Para mi escribir sobre Gregalia es volver la mirada al pasado más reciente de mi vida para situarme ocho años atrás y un cuadro de politoxicomanía nivel socorro. Recuerdo entrar una sala de madera llena de gente extraña y mirada amable, una sala que con el tiempo se convertiría en mi escuela de la vida. Recuerdo verme a mí mismo como nunca me había visto, recuerdo la mirada valiente de Teresa y la dulzura de   María. Y la seguridad de volver a creer en mí. Hoy, completamente deshabituado de las drogas duras y con una mirada muy distante de la de aquel día, me enorgullece seguir perteneciendo a esta maravillosa familia y ser parte activa de ella.

Gregalia es un centro psicoterapéutico y de desarrollo personal integrativo, constructivista y humanista en el que se trabaja tanto a nivel individual como grupal con uno de   los métodos más vanguardistas de la psicoterapia moderna, el método REDIS®, un método gracias al cual he podido viajar a mi interior para salir renacido. Un método parido por mujeres sabias y dirigido por fantásticas terapeutas, Teresa, María y Mayte. Un método a través del cual el cliente puede ver su dolor representado a través de un grupo de Asistentes formado por un círculo de personas al servicio. Personas con una mirada limpia constructiva y sanadora, sin juicios ni prejuicios. Con empatía y sinergia. Eternamente agradecido de poder formar parte de este círculo y esta familia gregaliana. Un honor el poder seguir creciendo con vosotros……PURA VIDA….!!!!

Podría empezar de mil formas para contar cual ha sido mi experiencia y podría extenderme todo el tiempo del mundo pero no lo voy a hacer, voy a hablar de mí, en primera persona lo que ha supuesto encontrarme a María y Teresa en el camino.

Mi carga familiar es grande, mi trabajo un reto al que enfrentarme día a día, de hecho era mi vida, fui entrado en un bucle en el cuál no había salida hasta que llegaron ellas.
Me introduje en la Atención Plena de la mano de María, la mejor decisión, aprendí y aprendo día a día a disfrutar las pequeñas cosas que nos da la vida, a vivir al día, a perder los miedos, a disfrutar de lo que tenemos, a ser humildes, a respirar, a parar, si a parar, eso que parece tan fácil y que a día de hoy me sigue costando y seguí y sigo y seguiré porque me enriquece como persona. Entonces llegó Teresa acompañada por María, increíbles personas y profesionales. Decidimos entonces que sería enriquecedor estar también en el grupo terapéutico REDIS® y fue todo un acierto. Llevo ocho meses en Gregalia.

A día de hoy creo que es de las mejores decisiones que he tomado, es la luz al final del túnel. Realmente pienso que si existen los ángeles seguro que tienen nombre, se llaman Teresa y María.

Me alegro de que todo aquello tan maravilloso que es Gregalia y todos y cada uno de sus componentes se den a conocer. Considero que todo lo que es bueno para el mundo y se hace con amor debe de ser reconocido como tal. Gregalia me salvó la vida. Todavía recuerdo el primer día. Antes de entrar veía desde mi perspectiva un montón de personas dándose abrazos largos y tendidos, de esos que te echan todo lo malo para fuera y yo pensaba ” yo también quiero dar esos abrazos” Me temblaban las piernas cuando entre en la sala y lo veía todo gris y salí de ella viéndolo todo de color. Esa sensación de estar flotando, de estar viviendo un sueño, donde solo puede ocurrir una cosa y es que salga todo bien. Creo que jamás me sentí tan viva y tan querida por personas ajenas a mi vida, que no te juzgan, simplemente te dan todo su amor. Y ahora no lo cambio por nada del mundo. Solo puedo dar las gracias a Maite, María y Teresa porque sin vosotras toda esta experiencia tan mágica no sería posible.

Fui a Gregalia porque ya no podía más, me sentía vacía, triste y perdida. Recuerdo que la primera vez que vi a María sentí que había encontrado mi lugar. He pasado momentos muy duros allí, he llorado muchísimo y he tenido ganas de no volver pero siempre algo dentro de mí me hacía seguir adelante. Ahora con el tiempo veo el regalo que la vida me brindo en ese momento, pues gracias a ellas y a todos los que lo forman he crecido, me he quitado la máscara que no me dejaba avanzar y puedo decir que ya no soy la chica que fui. Sé que me queda mucho camino por delante, pero ya no tengo miedo porque allí he encontrado unos amigos, una familia y sé que pase lo que pase nunca me sentiré sola. A la gente que está pasando un mal momento, le diría que no tenga miedo de pedir ayuda ¡no pasa nada, todos la necesitamos! Así que prepárate para trabajar a fondo porque te aseguro que vale la pena, pues se trata de recuperar tu libertad!

Hace unos meses ni tan si quiera me hubiera atrevido a pensar como pienso ahora. Soy una persona totalmente distinta y lo debo a Gregalia que me ha he hecho conocer como poder superar mi ansiedad.

Junto a ellas he aprendido a ser valiente, paciente, coherente… No os diré que volvería a pasar por todo porque en parte os estaría engañando, pero si os diré que me ha merecido la pena.

Gracias a los grandes enfoques terapéuticos y a la gran implicación tanto de María como de Teresa he aprendido a ser yo y me he conocido. Gracias a ellas y a mi gran crecimiento personal sé que la felicidad no es estar todos los días contenta, es más cada día me pongo más metas y retos. Gracias a ellas ¡creo en mi! No hay fe más grande que esa. Creer en uno mismo es como el sol en la vida.

Con mi experiencia, con la ansiedad y la agorafobia, puedo decir que lo que parecía lo peor de mi vida, hoy en día es mi mayor logro, gracias a eso he crecido y Gregalia me ha enseñado a que todo en esta vida tiene una solución. Gracias al grupo de conciencia plena y a mi terapeuta (o gran amiga hoy en día) hoy observo un atardecer y no hay, para mí, más tesoro que ese. Observo una flor, una estrella…

Al principio me asuste tanto que no pude entender nada. Aún recuerdo cuando mi “miedo” me hacía creer que no podría quedarme sola en casa, o cuando me hacía creer que no podía ir a cenar a un restaurante… Pero ahora con el tiempo, he visto que desde el minuto uno estuve dispuesta a crecer, a solucionar una pequeña parte que no iba bien en mi vida y me hacía sufrir.

He aprendido que cuando miras todas y cada una de las habitaciones y sótanos que hay dentro de tí, ya no hay nada que puede perturbarte. Barrí y abrí todas las ventanas para que la luz y el viento pudiera entrar y no dejar ningún rincón a oscuras. Os doy las gracias una vez más por todo.

HAZLO. Y SI TE DA MIEDO, HAZLO CON MIEDO

© Gregalia 2016